logo
Published on

Laguna de los Tres

Authors
  • avatar
    Name
    Leandro Cardozo

Ubicación

El sendero comienza al final de la avenida San Martin, cerca de un estacionamiento.

Recorrido

Iniciando con un ascenso de aproximadamente una hora, se puede ver y apreciar el valle del Río de las Vueltas. Luego, al ingresar al valle del Arroyo del Salto, uno se encuentra con la hermosa Laguna Capri. Más adelante, el sendero desciende y te permite bordear esta laguna. Progresando en el camino, te encuentras con una bifurcación que te dirige hacia las lagunas Madre e Hija. A medida que continúas, pasarás por el campamento base de Poincenot. Luego de cruzar el río Blanco, te espera un tramo desafiante con un ascenso de 400 metros de desnivel que finalmente te lleva hasta la Laguna de los Tres.

Mi experiencia

Este fue el trekking más difícil que realicé en El Chaltén, sumando 20 km entre la ida y la vuelta. Fui al final del invierno, así que aunque los senderos están abiertos todo el año, en invierno, cuando hay mucha nieve, el último tramo puede cerrarse. Me acompañaban dos compañeras con experiencia en trekking. El día anterior, alquilamos crampones en la tienda "Bajo Cero".

Iniciamos a las 8 de la mañana. En la primera parte, enfrentamos una subida considerable y disfrutamos de unos miradores hermosos. Incluso presenciamos el amanecer desde ahí. A medida que ascendíamos, comenzamos a encontrarnos con el hielo y la nieve. Nos pusimos los crampones y, al no tener experiencia previa con el terreno, avanzamos con precaución. La nieve y el hielo transformaban el paisaje, volviéndolo cada vez más blanco. Más adelante, la imponente vista del Fitz Roy nos sorprendió.

Nos topamos con otros senderistas en esa sección. Bajamos un poco más y vimos la Laguna Capri, que estaba toda congelada; ver esa planicie nos fascinó. Pero, obviamente, por cuestiones de seguridad no se puede caminar por arriba. Luego empezamos a bordear la laguna para ir a nuestro destino. Pasamos la intersección que nos lleva a un mirador del Fitz Roy y otra que nos lleva a la laguna Madre e Hija; luego avanzamos un poco más para encontrarnos en el río Blanco. A partir de ahí queda el último kilómetro, que es de dificultad alta.

Antes de emprender el último tramo del ascenso, hicimos una pausa para comer, ya que no habíamos hecho ninguna antes. Cruzamos el último campamento y continuamos subiendo. A medida que avanzábamos, la nieve se acumulaba, ocultando los carteles. Nuestro grupo comenzó a separarse debido a sectores especialmente empinados; era esencial seguir las pisadas de otros para mantener el camino. Al alcanzar un punto más elevado, nos detuvimos para reagruparnos y, mientras esperábamos, observamos a un grupo de 15 personas descendiendo. En ese momento, advertimos una tormenta de nieve aproximándose, lo que nos preocupó. Pero al ver que nuestra compañera estaba cerca, decidimos proseguir y finalmente llegamos a nuestro destino.

Realmente, fue muy agotador llegar. Cada paso se sentía como levantar no solo la pierna, sino todo el cuerpo. El paisaje de la laguna no se distinguía por la cantidad de nieve; del otro lado se podía ver todo el recorrido que hicimos. Nos sacamos varias fotos, tomamos un poco de café y pronto llegó nuestra compañera. Tras unos minutos de descanso, iniciamos el descenso. Justo en ese momento, comenzó a nevar con un viento fuerte y copos densos y pesados. El temor de perder las pisadas creció, ya que, aunque había gente, no era mucha.

Nos caímos muchas veces y nos resbalamos por la nieve varios metros; no solo yo, sino todos. Nos dimos cuenta de que realmente no estábamos preparados para este tipo de trekking. Subestimamos la nieve y eso estuvo mal. Una vez que pasamos el campamento que está al pie, decidimos seguir avanzando sin comer. Sin embargo, en parte, sentimos un alivio al pensar que el objetivo fue cumplido. Pero no podíamos detenernos mucho, tanto por la nieve como por el tiempo. Teníamos margen, pero no demasiado; no queríamos correr el riesgo de llegar al anochecer. Aceleramos el paso y en el camino nos encontramos con otras personas. Nos separamos cuando llegamos a la bifurcación del mirador de Fitz Roy. Continuamos con la marcha porque sabíamos que, si nos deteníamos, nos costaría más avanzar luego.

Volví a recobrar algo de energías cuando empezamos a descender el último trayecto y, a partir de ahí, ya no me costó el recorrido; incluso realicé algunas corridas cortas. Llegamos a las 17:15, después de 9 horas y cuarto de caminata. Dejamos los crampones y fuimos a descansar un rato. Por la noche, nos fuimos a Rancho Grande y nos dimos el gusto de comer una buena hamburguesa, luego de tremendo trekking.

La verdad, estamos muy felices por haber vivido y visto tantos paisajes. Hubo momentos en que nos preocupamos, pero aprendimos que no debemos subestimar el clima y que podríamos prepararnos un poco mejor. Incluso en estos casos, es conveniente llevar una carpa por si surge algún imprevisto. Fue un trekking inolvidable; me gustaría volver alguna vez en verano.

Recomendaciones

Antes de cualquier trekking, es recomendable visitar el Centro de Visitantes Guardaparque Ceferino Fonzo para informarte acerca del clima y del estado de los senderos. Puedes ver más información aquí.

No olvides llevar suficientes provisiones, ya que el recorrido es largo. Es esencial tener crampones en invierno e incluso un calzado más adecuado para grandes cantidades de nieve. También, los bastones son indispensables.

Fotos

FitzRoyDesdeCapri
LagunaDeLosTres
LagunaMadreEHija